La música, sin lugar a dudas es una característica de identificación del contexto cultural, en la medida en que las personas se agrupan en torno a ella. Un determinado ritmo musical refleja las costumbres, las maneras de asumir los sentimientos y los modos de pensar y de opinar. “La percepción auditiva de un suceso sonoro no depende exclusivamente de sus características acústicas, sino también de su contexto frecuencial, temporal u otros en el cual se encuentra el elemento sonoro. Es decir, la música modifica sus validez según el entorno en el cual es ejecutado y oída, y de acuerdo a su modo de relacionarse con sus otros, los que la acompañan y recrean [i]es indiscutible que las letras de las canciones evidencian toda una lógica entre lo que sienten, lo que piensan y lo que quieren los jóvenes, por tal están cargadas de especialidad y de múltiples rasgos de identidad. Los jóvenes creen que por medio de la música pueden ser escuchados y quizá comprendidos por tal sus letras van más allá de ser pegajosas o rítmicas y no sólo quieren opinar o criticar cualquier asunto o problema sino que pretenden darle una solución, demostrar que los jóvenes podemos generar propuestas y convocar a un cambio con un lenguaje alternativo como lo es la música.
Germán muñoz González dice, que según la antropología y sociología clásicas, la identidad es algo fijo, sólido y estable. Pone en función roles sociales predeterminados y un sistema de mitos que proveen orientación y sanciones religiosas para patrones mentales y comportamentales.
Una canción puede modificar ciertos roles sociales y dar pie al reconocimiento del otro, el otro que la crea; del otro que la interpreta, del que la escucha o simplemente del que la reprueba.

Varios autores, “viviendo a toda” Jóvenes, territorios culturales y nuevas sensibilidades. DIU